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La Serpiente de Fuego 3


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25 de Julio de 2001

Un niño avanza lastimosamente por el campo cultivado, divagando sobre lo que le espera en casa ahora que nuevamente lo han golpeado; -Vishnú, calma a mi padre, que de golpes he tenido suficiente-, repite a cada paso de sus pies llagados por el contacto por años con el suelo desnudo. Se acerca una tormenta, sus ojos llorosos lo han notado y aunque inútil, pretende avanzar más rápido.

Pareciera que Shivá ha rugido, el primer trueno en el cielo, que anuncia la venida de la cortina de agua, lo ha derrumbado y sus tímpanos ahora chillan como las pandillas de monos en la capital. Sus ropas están aún más sucias y ahora no solo sangre de su rostro mana. Se arrodilla y un mar de lágrimas siente que lo inunda. La primeras gotas en su espalda lo acarician y en su recorrido, su piel se eriza, su torso se levanta para que su rostro sea ahora el que recibe el agua.

La paz lo conforta un poco y con sus manos recibe el regalo del cielo. Incrédulo, las sacude y las limpia restregándolas contra el camisón. No se equivoca, en su corazón el terror ahora es amo y se levanta a toda prisa, pretendiendo correr a través de lo que ya es un diluvio, sólo se escucha al chico gritar desaforado -¡Padre, padre; el cielo está sangrando!-.

Viernes 03 de septiembre de 2010 Redacción El Universal

“Las extrañas células que cayeron en una lluvia roja en la ciudad de Kerala, en la India, en 2001, y las cuales afirman que son extraterrestres se están reproduciendo.
Hace nueve años en esa región de la India una lluvia escarlata cayó durante dos meses, al principio se pensó que se trataba de un caso de contaminación, sin embargo, el físico Godfrey Louis, de la Universidad de Cochin de Ciencia y Tecnología estudió el caso y en 2006 concluyó que eran células rojas muy parecidas a los microbios de la Tierra, pero sin pruebas de ADN.
Ahora el mismo científico y otros colegas afirman algo que estas células, que ellos creen de otro mundo, se están reproduciendo, de acuerdo con la página
Abc.es.
Según el MIT en su revista
Technology Review, estos investigadores aseguran que las células rojas se están reproduciendo a temperaturas de 121 grados centígrados y a temperatura ambiente son inertes, y el caso se torna extremadamente raro y en un fascinante misterio.”

…… Una lágrima negra recorre la piel gris de aquel extraño ser.

La Serpiente de Fuego 2


Son las 2 de la tarde y el río de metal en que se convierte Gonzalitos a esta hora, fluye lastimosamente. De hecho, si llegas a cerrar los ojos, la combinación de los ruidos de motores y los llantos de los niños recién salidos de la escuela, bien pudieran sonar al rugido colérico de las aguas bajando por un rápido. Al volante, madres exasperadas tocan el claxon, deseando que sus autos pudieran volaran por sobre las carcachas de los hombres de oficina que constantemente miran sus relojes, pensando que la hora de comida está por concluir. De entre las incontables víctimas de semejante tráfico, 500 metros adelante se mueve un tráiler con rollos de acero.

Nervioso, el chofer no toma en cuenta las incontables mentadas de madre que le llueven, después de todo, se supone que ha esta hora no debería estar circulando. No señor, lo que a él le preocupa son las dos camionetas negras que circulan a su lado y cuyos ocupantes llevan veinticinco minutos observándolo.

-¡Chingas a tu madre cabrón-, exclama cuando ve que al detenerse los vehículos en el siguiente crucero, de los vehículos negros bajan cinco hombres armados con "cuernos de chivo". Mientras uno de ellos le apunta al frente, una mano rematada con esclava de oro se apoya por sobre su ventana abierta, -¡bájate pinche chango, bájate si no quieres que te cargue la chingada!-, si bien el asustado chofer entreabre la puerta, el sicario la jala hacia afuera, cayendo estrepitosamente con la cara por delante. Puede ver su propia sangre, y ruega a Dios que sea la única que vea en lo que resta del día.

-¡Ven acá puto, ven acá!- vocifera el segundo sicario mientras lo jala de su roída camiseta de los Tigres. Alrededor, la gente comienza a preguntarse el porqué no se mueven los vehículos aún y cuando el semáforo tiene varios segundos en verde, los cláxones suenan y su frecuencia se incrementa al mismo ritmo que la adrenalina en los cuerpos de los matones. –¡Gato, gato, tenemos la piedra!-, -¡ok, ok, ponla en el camino, cambio!-. Dicho esto, y sin importarles los gritos de la gente, mueven la pesada unidad hasta que la enorme cama que arrastra, bloquea completamente la avenida. Varios de los transeúntes corren a refugiarse, -¡otro narcobloqueo!- piensan.

La excitación quema la sangre de los “betas” que ahora ven como la gente sale de sus autos para refugiarse en los edificios aledaños, mujeres corriendo con niños en brazos y viejos moviéndose más rápido de lo que nunca imaginaron. Con la vista a través de las mirillas de los rifles de asalto, de pronto se dan cuenta de la cercanía de ese sonido angustiante de las sirenas.

-¡¡Puta madre Coyote!!, ¿qué hacen estos cabrones aquí?-, -No lo se Capi, pero ya valió madres, ¡estos no son de la nómina!-. Estruendos y detonaciones de combate; los cuernos de chivo y los R-15 son ahora los que hablan, con ese acompasado ritmo de explosiones, que cuando las escuchas, pocas veces imaginas como un sonido tan suave y sordo, pueda llevar el mensaje más mortal de la muerte.

-¡Vámonos, vámonos!-, todos los hombres cruzan el camellón central y arremeten contra los pocos vehículos que aún no se han movido del lugar. Hacen disparos contra los policías y otros más al aire, para obligar a los civiles a salir de sus vehículos. El último de ellos se ha tardado un poco, cubriendo la retaguardia, es alto y fornido, con el típico aíre de narco de Chihuahua. Mira sobre su hombro y se angustia al ver como los demás abordan los autos que han tomado y en su desesperación, avanza hacia su izquierda con la firme intención de posar su mano sobre una niña de 10 años cuya madre la rodea con sus brazos. – ¡No, no; déjela!- grita el que parece ser su abuelo, quien en un desesperado intento, trata de interponer su cuerpo. Segundos después, un calosfrío recorre su abdomen mientras la vida lo abandona.

Ese ha sido el punto de quiebre, ahora la intermitencia de los disparos incluye a los inocentes que se cubren la cabeza en su intento de huida. El terror reina hasta en los policías que ahora tienen que cuidar hacia donde disparan. El último “beta” carga la niña por la cintura y se dirige hacia uno de los vehículos tomados, nadie se atreve a neutralizarlo.

Toda la incredulidad y el miedo que se mezclan en menos de un área 100 m2, se tornan de repente en asombro. Del techo del edificio de la Pulga Mitras, se ha descolgado una estela de fuego, agitándose como la cauda de uno de esos dragones de papel con los que alguna vez jugamos de niños, y como tal, en un santiamén se posa en el asfalto bloqueando el paso a los narcoterroristas.

Los disparos cesan por un interminable instante, y en su lugar, cientos de miradas se posan sobre el ser, que sin ropas, parece cubierto de una corteza negra y flexible. Sólo la piel gris y las facciones de su rostro entornado por unos ojos rojos, recuerdan algo de humanidad en su apariencia. Humanidad que se desvanece cuando un vientecillo descorre el cabello blanco hasta sus hombros cubiertos de estrías también en escarlata.

-¡Chinguen esa pinche cosa, cabrones!-. Cien disparos se escuchan, y cien balas que jamás llegan a su destino; sólo se desintegran a pocos centímetros de aquel cuerpo, y sus restos recuerdan el polvo que se mece por entre los rayos del sol que se filtra cada día por nuestras ventanas.

Ahora es Él el que actúa a velocidad endemoniada. Sin tocar siquiera los vehículos, tres capotes salen volando y ante tal desesperación, el Gato es incapaz de saber qué es lo que está pasando. Golpes de mano y ademanes que recuerdan a un director de orquesta, es lo único que necesita para neutralizarlos mientras los gritos de dolor de los “betas” se confunden con los de asombro de los testigos.

Cuando el último de ellos queda de pie junto a su preciosa rehén, el ser muestra toda la furia en su rostro de piedra, y posa sus ojos humeantes sobre el arma que aun sostiene el hampón, inmediatamente la deja caer al mismo tiempo que, deseosa no ser notada, la madre estira el brazo de la niña que sin ninguna resistencia se aleja con ella. El “monstruo”, palabra que ahora se pasea en la mente de todos los presentes, dirige su mirada sobre ellas y le regala una leve sonrisa a la pequeña.

El terror paraliza y a su vez independiza el cuerpo; al menos sería la única explicación al hilo de humedad que recorre el pantalón del narco, mientras le inspeccionan el rostro. Y cuando toma su quijada con aquella enorme mano, el llanto y las súplicas lo invaden. Sólo los familiares de las víctimas que asisten a las ejecuciones de los condenados a muerte, podrían reconocer las emociones en la cara de la gente. Para su alivio o desilusión, lo que a continuación ocurre no es nada de lo que esperaban, el ser ha posado su otra mano sobre la frente de aquel hombre y mientras de su boca extrañas palabras brotan, una luz parece fundir la palma de su mano con el rostro de aquel pobre diablo.

Por un instante el tiempo se vuelve a congelar mientras parece entrar en éxtasis y solo el cortar de más cartuchos y los gritos de la policía le sacan de aquel estado. Lentamente suelta el cuerpo inconsciente de aquel hombre y justo después de una inspiración profunda, de las grietas rojas en sus pecho y hombros lenguas de fuego lo impulsan hacia el cielo en una hermosa cauda.

Cientos de ojos siguen su camino y entre todos ellos, un niña vuelta a nacer, dulcemente dice a su madre –Parece una serpiente, -¿no lo crees mami?-.

La Serpiente de Fuego 1


En la calle se comenta, incesante y de boca en boca. Ese primer evento al que la prensa calificó de médicamente interesante, 30 días después se ha vuelto un fenómeno social. La muerte entre integrantes de diversos cárteles se ha vuelto tan común, que ahora el ver gente inocente en la nota roja de los diarios es raro. La rumorología citadina dice que el temor entre sicarios y delincuentes se incrementa; después de todo, tus amigos y enemigos están perdiendo sus recuerdos, están dejando de ser quien son, y por lo tanto, cada uno de ellos es una diana ambulante. ¡Por Dios!, que si pasas por eso, serás afortunado si antes te captura la policía, al menos quizás vivirás unas horas más.

¡Y cómo no!, basta recordar la semana pasada; uno de estos "vírgenes mentales" como se les ha llamado, fue asesinado brutalmente en el reclusorio a donde había sido trasladado. La inconsciencia de lo que han hecho en el pasado, los hace ahora víctimas fáciles de sus enemigos.
Incluso se documentan casos de suicidios. Después de todo, al parecer para ellos su vida se detuvo en algún momento durante los inicios de su actividad delincuencial. Muchos regresan a sus antiguos hogares solo para encontrarse con que han perdido su familia u otras cosas mucho peores. En cierta medida, si el infierno existe, seguro lo están viviendo ahora. Y para casi todos nosotros.......... se lo merecen.

Editorial (Extracto)
Diario El Cachanilla
Septiembre 2009

(88.5709), 20.6811
La gente se ha ido, y la calma que ahora reposa sobre el terreno, relaja a todos los habitantes de esta selva caducifolia. Los cantos del pájaro toh son opacados por los llamados de geckos introducidos y el leve resplandor de las luciérnagas revoloteando sobre la hierba húmeda, iluminan fantasmagóricas siluetas de los antiguos edificios recortados sobre el horizonte. Un día más para nosotros, quizás; pero para la gente que vivió aquí, este debería haber sido un día de fiesta, de redención y reflexión. Después de todo, es la penúltima oportunidad antes del gran cambio.

Cerca del espectacular edificio desde el cual, hace mucho tiempo antiguos sabios atestiguaron un día exactamente como el de hoy, se ha abierto una grieta en el suelo, lacerando historia y causando una herida en esta tierra acostumbrada a la sangre.

Ahora son los animales que han callado, agazapados y temerosos. Estruendo y fuego, es la tierra dejando escapar a su prisionero más valioso. Y corto es el tiempo que le queda. Por la orilla del gran hoyo que se ha dibujado, una mano poderosa se apoya. Él ha regresado.

El alboroto sobresalta a uno de los veladores pero no lo suficiente para sacarlo de su sueño. Se talla los ojos para aclarar la visión borrosa de su reloj. Son las 12. Suspira y se acomoda nuevamente sobre el respaldo del viejo sillón mientras de su regazo, se resbala un periódico con fecha del 8 de Junio de 2004.

La Serpiente de Fuego Prólogo


Las dos camionetas a la espera paciente, en la esquina lluviosa, a tan solo media cuadra del antro donde están los jodidos. Llevan dos horas allá adentro y la ansiedad hace que los hombres dentro del vehículo, maten el miedo con cigarros de marigüana. Tienen que haber sido ellos, "Don Nacho" no pudo haber sido cogido sin que al menos uno de ellos hubiera soplado; méndigos perros mordiendo la mano del amo.

La noche es fría por la brisa que corre bañando de sal los autos estacionados, el valet la quita del parabrisas y abre la puerta para que aborden 6 muchachos de entre 30 y 35. El conductor, el más joven de ellos, arranca y al mismo tiempo, sus cazadores. Las tres unidades se alejan, la primera de ellas, quizá cabeza de un cortejo fúnebre.

El "Cejas" prepara su AK, y echa un vistazo por la ventana, le ha parecido ver un fulgor rojizo corriendo por los techos. -No es nada- piensa, las gotas de agua en el cristal distorsionan las luces del semáforo que acaban de pasar a plena carrera.

-¡Ya, ya "Chango"!, ¡pásalos!-. La suburban los ha rebasado, y girando bruscamente, bloquea el camino 10 metros adelante. El blindaje funciona y los golpes sólo han hecho que la adrenalina suba. La segunda camioneta para de improviso y evita el escape de reversa.
Han bajado 10 y todos ellos disparando, las ráfagas poco escandalizan a los indigentes de los callejones, estas cosas pasan seguido, y a estas horas de la noche, sólo los alejan de sus habituales pesadillas.

Destellos rojos y gritos de dolor. El "Chango" y el "Cejas" salen proyectados hacia un lado, mejor dicho, arrebatados. El resto de ellos no les ha ido diferente, huesos rotos pero ninguno muerto. Todos en el piso han pasado del asombro al terror de no poder moverse, no hay heridas graves, pero la presión de una mano invisible, impide levantarse a los que quieren huir del que se les acerca. Todos miran con los ojos inyectados la figura enorme con el fuego en los hombros.

Dentro del vehículo, la sangre de los rozones se confunde con la orina y los vómitos, y los que no están inconscientes por el alcohol o la fuerza del impacto, observan como uno a uno sus antes victimarios, son tocados por la mano izquierda de aquel monstruo. Se desvanecen, y con cada estremecimiento de aquellos cuerpos, un pulso corre por las estrías rojas en el pecho y hombros de aquel ser.

Gritos, se acerca ahora a ellos y en todos una oleada de incontinencia ensucia aún más su camioneta. Arranca la puerta con facilidad, incluso parece no tocarla. Cuando hacia adentro se asoma, el "Muñeco" se topa con el rostro gris de ojos rojos sin pupilas, su mano los apunta uno a uno y una luz en su mano negra los enceguece. -¿He muerto?-, la última pregunta que su mente cruza.

Dos días después

APIMEX.- (nota). Las autoridades de Tijuana siguen sin poder explicar lo acontecido hace dos noches, cuando lo que parecía ser la ejecución de al menos un integrante del Cartel de la Hoja de Cinco Puntas, se transformó en lo que peritos y médicos especialistas han llamado un "fascinante caso de amnesia parcial colectiva". Tanto sicarios como víctimas sólo pueden recordar algunos pasajes de su vida, sus nombres y aspectos generales de su personalidad. Ninguno de ellos es consciente de las actividades a las que se dedican actualmente ni reconocen a persona alguna relacionadas con las mismas. Hasta el momento, las esperanzas de obtener información que lleve a la desarticulación del Cártel, son "bastante inciertas" según las autoridades.